alma-loba, el hogar del alma, cantando sobre los huesos. Entre los grupos étnicos de todo el mundo, muchos de ellos pertenecientes a la región circumpolar y al África Occidental, se dice que los seres humanos no están verdaderamente vivos hasta que el alma da a luz al espíritu, lo cuida amorosamente, lo alimenta y lo llena de fuerza. Al final, se cree que el alma se retira a un hogar más lejano mientras el espíritu inicia su vida independiente en el mundo.
¡No temáis al lobo feroz!
Las mujeres que corren con los lobos obviamente no tienen en el lobo, al que los cuentos tradicionales (jarabe de palo para las niñas, para que teman su sexualidad, sus impulsos y las ganas de agitarse libre de su cola de loba) pintan como feroz y traidor, a su íntimo enemigo. Los lobos y las mujeres inconformistas, dice Pinkola-Estés, comparten unos arquetipos instintivos semejantes, y como tales, se les considera erróneamente poco gratos, total y congénitamente peligrosos y voraces.
Creo por mi experiencia que no es casualidad que se haya querido saquear, expoliar y reestructurar nuestra naturaleza salvaje, y que las mujeres salvajes nos fragüemos en circunstancias poco gratas y territorios yermos para nuestra naturaleza. Y ese "depredador psicológico" (¿Vieron que siempre hay adultos más boludos aún por conocer?, decía con toda la razón y su sentido del humor mi amiga Caro) es el verdadero enemigo de las mujeres salvajes desde hace miles de años. Ése es el enemigo traidor y feroz a abatir. No con las armas, ni las malas artes. No a su manera. Sino con la risa, la irreverencia, los huesos fuertes, el espíritu sano, la mirada en llamas. Con nuestra vida insurrecta.
Como dice un proverbio zen que leía hoy en mi agenda de maitena, "Ningún copo de nieve cae en el lugar equivocado."
