Este martes hicimos nuestro primer pedido ecológico. Una cesta de cosecha variada de temporada, que incluye frutas y verduras cultivadas según los métodos tradicionales de la agricultura de siempre, pero que ahora tiene que añadir "ecológica" para diferenciarse de una agricultura importada que debería llamarse "industrial" o "química" (la de los transgénicos, pesticidas...) -otro día hablaré de la ganadería "industrial", deplorable, aberrante y de la que, por nuestra ubicación en la cadena alimentacia, somos destinatarios finales de antibióticos, hormonas, metales pesados y demás residuos tóxicos-.
Hoy ha llegado la cesta. Bueno, la ha ido a buscar mi marido, Raúl. Ha picado a casa con el reparto de la semana :) (¡me pido siempre este repartidor!) Una caja, de momento pequeña, con un mixto de temporada recolectado del huerto hace menos de 24 horas. Fresco. Sano. Riquísimo. ¡Esto *sí* que es Vida!
La cesta nos ha costado 22 euros en Faves i Pèsols, Valldoreix, Sant Cugat. Son un negocio local -¡tanto, que Castellbisbal les queda lejos, dicen!-, formado por (agro)agricultores locales; además, ofrecen otros productos con certificado agroecológico como legumbres, pasta, pan, mermeladas, etc.
Como es comercio de kilómetro cero, favorece un desarrollo rural sostenible y contribuye a respetar el medio natural.
Nuestra cesta contiene lo siguiente: una lechuga, cebollas tiernas, patatas rojas, calabacines, tomates para ensalada, albaricoques, plátanos y cerezas. A continuación, dejo algunas fotos. Sólo decir que, dar el primer mordisco a medio tomate abierto, con unos cortecitos, y un poco de sal... made my eyes cry out: la memoria gustativa me ha traído de golpe a mi abuelo a la cabeza, cuando sentado sobre uno de los taburetes de corcho que fabricaba él mismo, nos ofrecía sonriente y orgulloso uno de los tomates de su huerto -ese que regaba con tanto esfuerzo... ¿alguna vez arrancó aquel motor a la primera? Mi hermana y yo le escuchábamos tratar de arrancarlo una vez y otra, y también mascullar entre dientes pero más alto de la cuenta porque era sordo, mientras atrapábamos cortapichas sumergidas en el agua del padrón...






