Y sin embargo, maduro y siento en los últimos dos años el poder fértil del otoño. Aprecio sus tonos, su paz, su sosiego, su profundidad, sus conclusiones... Un cielo raso como una página en blanco. Y un suelo maduro y fértil, que dibuja la huella que abraza con su tierra gruesa y todavía húmeda. Sus frutos son bondades de la tierra para un puchero calentito: calabacines, calabazas, puerros, patatas, espinacas, coles... y naranjas, kiwis, uvas, higos... para postres, compotas y mermeladas.
¿Me estoy tornando loba de otoño? Hace tiempo abandoné también la costa para medrar en la montaña.
